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El
mar, la huerta y el monte son los tres mayores exponentes de la gastronomía
asturiana. Porque de ahí es donde se obtienen los alimentos de calidad que se
utilizan para elaborar recetas tradicionales que se degustan en todo el mundo.
De las mejores manzanas se obtiene
la sidra, una bebida única, auténtico símbolo de esta tierra verde. La Fabada
es el plato fuerte por antonomasia: una alubia blanca exquisita es la base de
esta receta tradicional, que se acompaña de buenos fiambres como el chorizo, el
lacón, el tocino y la morcilla. El Pote asturiano y las Fabes con almejas son
otras de las recetas contundentes que nos esperan en las mesas asturianas.
Les acompañan, además, sabrosos quesos, como el de Cabrales, carnes rojas y de
caza, y ricos pescados y mariscos, entre ellos las selectas angulas de las rías.
Por cierto, para ponerle la guinda a una buena mesa asturiana, nada mejor que un
postre: Arroz con leche, Tarta de almendras, Casadielles, Tarta gijonesa o
Frixuelos.
Cuando se vuelve la mirada hacia esa cocina tradicional, superviviente gracias a
las mujeres que han sido durante siglos y siglos las reinas de los fogones
asturianos, uno puede volver a deslumbrarse con una cocina hecha a fuego lento,
sin prisas, sin trucos y sin apenas especias, basada fundamentalmente en los
exquisitos manjares de su fría mar y de sus fértiles huertas, lo que es toda
una innegable demostración de que, también en gastronomía, el Principado de
Asturias es todo un paraíso natural.