Los
romanos enseñaron a Andalucía a cultivar el trigo y la
vid, y utilizaron los pescados de sus mares para
producir el mejor “garum” del imperio. Los árabes
enseñaron a cultivar la huerta, implantaron regadíos y
perfeccionaron el cultivo del olivo y la producción de
aceite. Además, griegos, fenicios, cartagineses y
visigodos dejaron su impronta en el arte, la ciencia, la
cultura y la gastronomía andaluzas
.
Dos
mares: Mediterráneo y Atlántico
Sus
mares aportan pescado variado, de una calidad que no es
fácil encontrar en otras aguas. Como ejemplo está el
atún rojo, que justo en el momento que pasa del Atlántico
al Mediterráneo en sus migraciones anuales, es tan
sabroso, tan rico en aromas, tan bueno en definitiva,
que alcanza la más alta valoración internacional de
los pescados. Lenguados, lubinas, sargos, pargos, urtas,
merluzas, salmonetes, sardinas, boquerones, acedías,
pijotas, langostinos (excepcionales los de Sanlúcar),
gambas (insuperable la blanca de Huelva), coquinas,
conchas finas, bocas de la Isla, cañaíllas,
ortiguillas (casi desconocidas en el resto del mundo),
cigalas de Adra... Todo ello se puede consumir en
fritura, de aceite de oliva, como el insuperable pescaíto
frito, a la plancha, a la sal, al horno, simplemente
cocidos o guisados en imaginativas preparaciones de las
que son muestra la urta a la roteña, el atún
encebollado o los guisos de melva. La huerta es pródiga
en productos variados y además de los cultivos
"forzados" de la costa almeriense que
abastecen durante los meses fríos a los principales
mercados europeos, produce auténticas maravillas como
las habitas tiernas de Jaén, las patatas extratempranas
de Motril, espárragos de Huétor Taja, sabrosísimas
alcachofas, recomendables con almejas, y las berenjenas,
que Al Buran convirtió en la primera alboronía, entre
las hortalizas. De las frutas destacan las naranjas de
montaña de Córdoba, las más dulces y sabrosas,
especiales para sibaritas, kakis, nísperos, granadas,
higos clásicos y chumbos, frambuesas de la Alpujarra,
chirimoyas, aguacates, mangos, guayabas, papayas y otros
muchos frutos subtropicales de las costas granadina y
malagueña. Si tuviésemos que elegir entre todos los
embutidos y salazones que tanto abundan en España, un símbolo
gastronómico, habría consenso en el jamón ibérico de
bellota y de todos ellos el que se produce en las
Sierras de Huelva y Córdoba es excepcional. Es difícil
encontrar en el mundo un producto tan rico en aromas,
tan lleno de sabor, de textura tan suave, tan nutritivo
y al mismo tiempo tan sano por su composición en ácidos
grasos monoinsaturados. El gazpacho, o mejor los
innumerables gazpachos (ajoblanco, salmorejo, porra
antequerana, pipirrana...), aportan tantos nutrientes
que se consideran platos dietéticos, especiales para
deportistas o para cualquiera que quiera combatir la sed
y el calor con el agua, las vitaminas y los minerales
que aportan estas preparaciones tan sencillas y
reconfortantes. La cocina de cuchara ha estado
postergada en Andalucía porque los restaurantes no han
sido muy proclives a ofrecer este tipo de platos y
persistieron solo en los hogares. Hoy asistimos a su
renacimiento, y con tal fuerza que se están
convirtiendo en exponentes de la Cocina Mediterránea. Y
pucheros de berza, de hinojo, potaje de espinacas y
bacalao, ollas como la gitana o la liberal, vuelven a
estar presentes en las mesas más selectas. Rabo de
toro, menudos, choto al ajillo, calderetas de cordero,
pepitorias de gallina o pavo, pato a la sevillana, riñones
al jerez, forman parte del repertorio de los platos de
carne, que en Andalucía, se muestran con todo su
esplendor cuando se cocinan aderezados con hierbas aromáticas.
La
importancia del “tapeo”
Mención
especial merecen las “tapas”. Algunos bares ofrecen
interminables listas con más de cien especialidades.
Cada uno puede confeccionar su propio menú “largo y
estrecho” y además “de temporada”, y por si fuese
poco combinando cada tapa con el vino que mejor le va.
Se corre el peligro de sentirse abrumado por la oferta,
pero tras un momento de reflexión podrá elegir entre
las variadas exquisiteces, y debe tener presente que jamón,
“pescaito frito”, cazuelitas de “guiso”, gambas,
langostinos, “tortillitas de camarones”,
“ortiguillas” y otras muchas tapas no las va a
encontrar, ni parecidas, en ningún otro sitio. Hay
algunas preparaciones de moderna creación, normalmente
imaginativas, que deben probarse y si entre ellas está
el “secreto ibérico” no pierda la ocasión de
saborearlo. La repostería andaluza tiene reminiscencias
árabes que se hacen patentes en el uso de la almendra y
la miel. Los conventos han conservado la tradición y
ofrecen yemas de San Leandro, buñuelos de San Benito,
piononos de Santa Fe, dulces de calabaza, hojaldres de
cabello de ángel, toronjas confitadas, frutas en almíbar,
verdugados, maimones, pestiños, etc. El Turrón de Cádiz,
las anguilas de mazapán, el dulce de membrillo,
alfajores, mantecados, polvorones, roscos de vino, etc.,
son dulces de producción principalmente industrial y
muy dignos de conocerse.
Vinos
y restaurantes
Los
Vinos de Jerez, representados por los finos, manzanilla,
olorosos, palo cortado, amontillados y dulces, entre los
que destaca el Pedro Ximénez, son un tesoro de la
humanidad y un incomparable placer. Los Málaga, Condado
de Huelva, Montilla-Moriles tienen Denominación de
Origen y producen vinos clásicos de gran calidad, a los
que últimamente se están uniendo vinos de mesa que
poco a poco se van abriendo mercado. En el restaurante
El Faro del Puerto, calificado con dos soles por la guía
CAMPSA, pueden saborearse numerosos ejemplos de la
cocina andaluza y del estrecho. También con dos soles
por la guía CAMPSA, son dignos de mención los
restaurantes La Alquería, en Sevilla; La Meridiana, que
situado en Marbella constituye un punto de referencia
para la cocina de la Costa del Sol; o Lido, en Estepona,
en la provincia de Málaga.
.
Andalucía,
lugar de encuentro de culturas y cocinas
La diversidad de tierras y
climas hacen de Andalucía una región variadísima
en la producción de alimentos. Serranía, campiña
y costa es la clasificación tradicional de sus
tierras, pero no suficientemente descriptiva,
porque tiene montañas secas y otras que
registran la mayor pluviosidad de España,
porque en la campiña se mezclan las llanuras
cerealistas, las suaves laderas olivareras y la
feraz huerta de las vegas y porque las costas,
atlántica y mediterránea, presentan
diferencias importantes en su oferta pesquera.
Si el futuro de las cocinas está en la
disponibilidad de buenas y variadas materias
primas, Andalucía tiene unas excelentes
perspectivas para convertirse en un modelo
culinario. Si a ello unimos la tradición
gastronómica la imaginación y la moderna técnica,
la cocina andaluza que ya se admira, alcanzará
en un futuro muy próximo un nivel insospechado.
Fuente:
Servidor web del Instituto de Turismo de España.
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