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GASTRONOMÍA
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Predomina en la
gastronomía abulense la cocina tradicional, es decir,
la cocina de siempre, centrada más en la calidad y
autenticidad de los ingredientes que en la novedad de
su aderezo o en el espectáculo de la presentación.
Es cocina sin etiquetas o añadidos como pudieran ser
"nuevo", "moderno" o
"posmoderno“, coletillas que casi siempre
suponen atentado y merma del bolsillo, mucho arte en
la disposición de los elementos, títulos muy largos
y no inteligibles, mínimas raciones y la dictadura de
la salsa novedosa disfrazando los sabores y emboscando
las tomaduras de pelo y los indicios de fraude. Cocina
basada en los productos de la tierra, que se presentan
bien aderezados, con sustancia y sabor, adecuados para
comer con regalo pero sin extravagancias. |
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Para hacer un
resumen de la gastronomía de Ávila nada mejor que
confeccionar un breve menú de síntesis. A modo de
entremés, podemos degustar unos espárragos de
Lanzahíta, unos pimientos rellenos de Arenas de San
Pedro o un gazpacho veraniego elaborado con
productos del valle del Tiétar. O bien, picar entre
diversas variedades de embutido, concretamente del
chorizo de Muñogalindo, de Velayos o de la zona de
El Barco. Procede catar las famosísimas judías de
El Barco, tal vez precedidas de unas patatas
revolconas, que no por humildes son de despreciar,
bien en forma de tapa o de ración más amplia. |
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PESCADOS
Y CARNES
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En el
capítulo de los pescados, no se puede tomar
otra cosa sino la delicada y sabrosa trucha
del Tormes, pieza muy solicitada por
paladares exigentes. En el capítulo de las
carnes la oferta es más amplia: chuletón
de Ávila, plato muy extendido por toda la
geografía de la provincia; ternera del
valle de Amblés, blanca, tierna y jugosa,
que goza de denominación de origen y
alcanza tan alta calidad por una insólita
conjunción de bondades en aguas, tierras y
pastos; lomo en aceite; caldereta de
cordero, sobre todo la de Candeleda; cordero
y cochinillo asado, que debe degustarse
preferentemente en Madrigal de las Altas
Torres y sobre todo en Arévalo, villa que,
como otras muchas de la geografía española,
atrae más viajeros por su oferta gastronómica
y por la fama de su buena mesa que por la
riqueza histórica y monumental. |
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En
estas dos últimas especialidades se
recomienda que, dadas sus excelencias y
para no enturbiar o distraer la atención
de las papilas gustativas con otros
manjares, tanto el cordero asado como el
cochinillo se tomen como mandan los
antiguos cánones, es decir, como plato
exclusivo y único, acompañados -eso sí-
de la consabida e imprescindible ensalada
y sin olvidar la grata compañía del pan
y de un jarro de vino. Si estamos a punto
de decir adiós a la Cuaresma, se
recomienda el poco penitencial y típico
hornazo, aumentativo que no es otra cosa
sino una hogaza de pan llena de diversos y
apetitosos ingredientes: lomo, longaniza,
huevo cocido y un aderezo de torreznos. No
puede dejarse de citar el cocido morañego,
que en olla de barro alcanza al fuego su
punto de sabor y se nutre de los
aterciopelados garbanzos de la tierra, con
la sabrosa compañía de algo de repollo,
morcillo y tocino.
(Datos facilitados
por la Diputación de Avila) |
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ESTABLECIMIENTOS
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